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Lo que esconde Madrid Río: pinos sobre un túnel, una nutria y una dama de bronce

Quien vive en Madrid tiene una relación muy práctica con Madrid Río. Es el sitio al que se va a correr el domingo, donde los niños aprenden a montar en bici y donde se queda para tomar algo cuando aprieta el calor y la Casa de Campo queda lejos. Lo usamos tanto que hemos dejado de mirarlo. 

Y es una pena, porque pocos parques europeos tienen detrás una historia tan rara, tan cara y tan bien resuelta. En ALQ llevamos meses recorriéndolo a fondo, por razones que explicaremos al final, y hemos ido apuntando las cosas que casi nadie cuenta cuando habla de él.

Un parque construido encima de una autopista

Conviene empezar por lo evidente, que a fuerza de serlo se olvida. Todo lo que pisas en Madrid Río está, en buena parte, encima de una autopista. La M-30 se construyó en los años setenta pegada al Manzanares, encajonando el río entre carriles durante más de tres décadas, y los barrios del sur y del oeste se acostumbraron a vivir de espaldas a un cauce que sólo se veía desde el coche. 

Entre 2003 y 2007 el Ayuntamiento soterró ese tramo, y entre 2007 y 2011 la superficie liberada se convirtió en 120 hectáreas de parque a lo largo de unos diez kilómetros. Se inauguró el 15 de abril de 2011 con más de 33.000 árboles plantados de 47 especies distintas.

Hubo mucha discusión entonces: fue una obra enorme, con un coste que dio para años de titulares. Visto con quince años de perspectiva, nos parece la decisión urbanística más valiente que ha tomado Madrid en décadas, y la prueba es que nadie, de ningún color político, propondría hoy volver atrás. 

La última pieza llegó en diciembre de 2024, cuando se abrió la zona verde sobre el cubrimiento del ámbito Mahou-Calderón. Donde antes estaba el estadio del Atlético hay ahora un parque que lleva su nombre, y eso, para quien vivió aquellos domingos de fútbol junto al río, tiene algo de justicia poética.

Por qué los pinos del Salón de Pinos parecen torcidos

El Salón de Pinos es la espina dorsal del parque: un paseo arbolado de 30 metros de ancho y más de seis kilómetros que discurre por la margen derecha y va enlazando los seis grandes jardines, desde Aniceto Marinas hasta Arganzuela y Matadero. Lo que poca gente sabe es que está construido casi íntegramente sobre el túnel, lo que obligó a resolver un problema poco romántico. Encima de una losa de hormigón no hay tierra profunda, y un árbol cualquiera no aguanta ahí.

El estudio holandés West 8, que firmó el plan director junto a los arquitectos madrileños agrupados en MRIO, eligió entonces una especie de pino capaz de sobrevivir sobre la roca desnuda de las sierras del centro peninsular. Se plantaron unos 8.000 ejemplares, y aquí viene lo que nos gusta. No se colocaron en fila. Se seleccionaron a propósito árboles de crecimiento asimétrico, se plantaron en grupos y se podaron con una coreografía pensada para que, con los años, el conjunto tuviera un aire natural y casi escultórico. Esos pinos inclinados que parecen un descuido son, en realidad, lo más deliberado del parque.

Nutrias, garzas y un río que ha vuelto a ser río

Durante siglos el Manzanares fue objeto de burla. Quevedo lo llamó aprendiz de río, y el chiste del río navegable a caballo ha pasado de generación en generación. Parte de la culpa la tenían las presas, que mantenían el agua embalsada y quieta para dar una apariencia de caudal que el río nunca tuvo. En 2016, a propuesta de Ecologistas en Acción, el Ayuntamiento abrió las compuertas y dejó que el Manzanares recuperara su ritmo. Bajó el nivel, aparecieron bancos de arena e islitas, volvió la vegetación de ribera, y con ella todo lo demás.

Hoy se han censado en torno a cincuenta especies de aves, entre ellas garzas reales, garcetas, martinetes, martines pescadores y chorlitejos. El barbo, autóctono, ha vuelto a dominar el cauce frente a especies invasoras como la carpa, y se han soltado galápagos leprosos y peces que habitaron el río hasta mediados del siglo pasado. 

La noticia grande llegó este año. El 19 de abril de 2026 una cámara municipal grabó una nutria junto a la presa 6, entre el Puente Oblicuo y la pasarela de Andorra, después de semanas encontrando huellas y excrementos en la orilla. Hacía medio siglo que había desaparecido del río, con apenas tres avisos sin confirmar desde 2019. La nutria es lo que los biólogos llaman una especie bioindicadora: si está, es porque el agua está limpia y hay comida y refugio. Que vuelva a nadar en pleno Madrid dice más de la salud de este entorno que cualquier informe.

De la Dama del Manzanares a la nueva Usera

Madrid Río termina en el Nudo Sur, pero el verde sigue. Desde ahí toma el relevo el Parque Lineal del Manzanares, que llega hasta Getafe, y desde julio de 2021 una senda peatonal y ciclable de 1,4 kilómetros une los dos sin cortes. El resultado es un corredor que permite ir caminando o en bici desde El Pardo hasta el límite sur del municipio, algo que muy pocas capitales pueden decir.

En la cabecera de ese parque está una de las imágenes más desconocidas de la ciudad para quien no vive en el sur. La Atalaya es un cerro artificial levantado sobre una plataforma piramidal de 21 metros que diseñó Ricardo Bofill, y debajo de su manto de césped hay escombro, el que dejó la propia transformación de la ciudad. Arriba se asienta la Dama del Manzanares, una cabeza de mujer de 13 metros y casi ocho toneladas de bronce y acero que Manolo Valdés terminó en 2003. Su nombre real es Ariadna, y el tocado enredado que lleva en la cabeza es el hilo con el que, según el mito, Teseo salió del laberinto del Minotauro. Tiene hermanas en la T4 de Barajas, aunque ninguna con estas vistas. Mira al norte, hacia el centro, con el río a la espalda, y desde 2005 la iluminan 24 focos que cambian de color con las estaciones. Subir al atardecer es de esos planes que uno no entiende cómo no había hecho antes.

Todo esto rodea a Usera, un barrio que nació a finales del XIX como proyecto de un señor, Marcelo Usera, que quiso hacer para los obreros algo parecido a lo que el marqués de Salamanca había hecho para la burguesía. Durante mucho tiempo quedó fuera del mapa mental del madrileño medio, al otro lado de la autopista. Madrid Río cambió eso de golpe, y ahora el Ayuntamiento está terminando de coserlo con un itinerario peatonal de 1,7 kilómetros entre la plaza del Hidrógeno y el parque, con una inversión de 8,7 millones que, además, pone en valor la identidad del barrio como el Chinatown de Madrid, con su comercio y su gastronomía.

Nuestra opinión, y la decimos con conocimiento de causa, es que Usera es hoy uno de los barrios con más recorrido de la ciudad, porque reúne algo que escasea dentro de la M-30: parque, río, conexión con el centro y suelo con espacio para hacer cosas nuevas. Es el tipo de ubicación que no pasa de moda con la que nos gusta trabajar.

Por eso estamos aquí. Cooperativa Manzanares Park View se levanta en el Camino de Perales 26, a un paso de Madrid Río y con el parque de Pradolongo al otro lado. Es una cooperativa que desarrollamos junto a CONCOVI, con pocas viviendas de uno, dos y tres dormitorios con terraza, piscina comunitaria, aerotermia y calificación energética A, y una entrega prevista para julio de 2027. La pensamos para quien quiere salir de casa y tener en diez minutos los pinos torcidos, la Dama vigilando desde su cerro y, con un poco de suerte, una nutria cruzando el río al amanecer. 

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