ALQ desarrolla en sitios que, a primera vista, no se parecen en nada: un edificio pequeño en Madrid, villas en Mallorca, apartamentos en el Valle de Arán, viviendas frente al mar en Sanxenxo. En un mapa no tienen relación. De cerca comparten bastante más, porque antes de decidir construir algo lo pasamos todo por el mismo filtro.
Ese filtro tiene tres partes: la ubicación, el suelo y el producto. Un proyecto sólo sigue adelante cuando las tres encajan. Así es como miramos cada una.
La ubicación: sitios que ya funcionan
En ALQ Homes no compramos la promesa de un barrio que algún día despegará. Buscamos demanda que ya existe y una micro-ubicación difícil de repetir: a orillas del Manzanares junto a Madrid Río, a cinco minutos de Baqueira, a cien metros de la playa de Silgar, en zonas consolidadas de Mallorca.
La diferencia entre una buena ubicación y una apuesta es el tiempo: nos interesan los sitios que siguen funcionando aunque cambie el mercado y que funcionen más allá de una temporada. Un destino que solamente tiene sentido seis semanas al año es media inversión y media casa. Preferimos lugares con vida propia todo el año, aunque sean menos espectaculares sobre el papel.
El suelo: que un proyecto salga bien no es suerte
Aquí está la parte que no se ve en ningún render y que, sin embargo, decide si el proyecto llega a buen puerto. Antes de vender una sola vivienda, el suelo pasa una due diligence completa: viabilidad urbanística, licencias y una revisión técnica y jurídica con despachos de primer nivel. No vendemos sobre expectativas; vendemos sobre un proyecto que ya se sostiene.
Y cuando llega el momento de aportar dinero, las garantías van por delante. Los fondos quedan en cuenta de garantía, con seguro de caución y avales bancarios en cada fase, bajo el marco de la Ley de Ordenación de la Edificación. La obra se adjudica por licitación entre varias constructoras y se controla con un aparejador externo. Nada de esto es glamuroso, pero es lo que hace que la entrega llegue, y que llegue bien.
El producto: pequeño, habitable y hecho para durar
Apostamos siempre por escala pequeña o baja densidad. Ocho, trece, dieciséis viviendas; nunca cientos. La escala no es un detalle: cambia el silencio del portal, la convivencia y cómo se conserva el edificio con los años.
Dentro de cada vivienda es más importante la distribución que los metros de titular, y elegimos materiales que mejoran con el tiempo (piedra de la zona, pizarra, madera) antes que los que lucen el primer año y cansan al tercero. Diseñamos pensando en cómo se vivirá un día cualquiera. Un buen producto se nota más al año de vivir en él que el día que lo enseñan.
Lo que comparten
Un edificio en Madrid, una villa en Mallorca y un apartamento en el Pirineo pueden no tener nada que ver, y aun así pasar el mismo examen. Porque ubicación, suelo y producto son, en el fondo, tres formas de responder a la misma pregunta: ¿Esto seguirá teniendo sentido dentro de diez años, para quien vaya a vivirlo o a invertir en ello?
Cuando la respuesta es sí, desarrollamos. Cuando no lo tenemos claro, no. Ese criterio, más que cualquier estilo, es lo que de verdad comparten todos nuestros proyectos.